martes, 5 de noviembre de 2013

El panel

Hacía tiempo que no sabíamos nada de Joe McNamara, (Saginaw, 1975). Desaparecido de los círculos artísticos durante muchos años, ha irrumpido de nuevo con fuerza en las galerías más importantes del mundo con un nuevo concepto: el arte funcional administrativo.

Hoy os traemos a esta humilde revista una de sus más recientes creaciones: "El panel". Se trata de una obra en apariencia simple. Si nos quedamos en el exterior, parece el directorio de un edificio administrativo. Pero si analizamos un poco más, vemos la estética inherente. Las asimetrías vertical y horizontal de esos cuadros que parecen querer informar, pero que en realidad cumplen la función de dispersar la mirada por el conjunto. El colorido, en tonos pastel en la gama de los verdes, quiere mitigar el estrés de los sufridos ciudadanos que pululan por esos edificios, buscando afanosamente alguien que les resuelva su trámite. La unidad, la dualidad, la trinidad, también son explorados por McNamara en esta obra de connotaciones trandescendales.

La "obra"
Para hacer este artículo, pasé unos minutos cerca de la obra, atento a los comentarios de los amantes del arte que se acercaron a admirarla. "Qué bonito ha quedado" era el comentario más repetido, dando la razón sin querer al autor, que reclama para este tipo de montajes la catalogación de arte, más que de objeto funcional.

Pareciera que todo es improvisado, pero McNamara, en una entrevista exclusiva al Portrait's Review, ha declarado que esta obra es resultado de horas y horas de reflexión. Lo demuestran los numerosos bocetos de los que dispone, de los cuales hemos tenido acceso a una de las versiones definitivas.

Un"boceto"

Dado su alto valor, el montaje está protegido con cristal de alta resistencia, y tiene vigilancia permanente por personal de seguridad. Se espera que varias miles de personas la puedan admirar al año. Una obra que, según el autor, será un ente vivo. "Con todos los cambios que sufren estos organismos, habrá que ir actualizándola cada poco", ha declarado.

Una amante del arte observando la "obra" en la sala de exposiciones

domingo, 29 de septiembre de 2013

Evil Malatesta

El mes que viene tendrá lugar la exposición colectiva "Ventanas IV" en el Centro Cultural Iglesia de San José, en Puerto Real. Es la segunda vez que participo, de nuevo con un par de cuadros, que es lo máximo que se permite por autor. La exposición estará abierta del 18 al 27 de octubre.

A mí en realidad, más que el arte, me gusta el artisteo. Así que estoy planeando una pequeña "performance" para el día de la inauguración. Como parte del  plan, me estoy dejando bigote y perilla.

Anteayer mi sobrino pequeño me vio con el nuevo aspecto y me preguntó "Tato, ¿por qué tienes barba?". Lo primero que se me ocurrió decirle fue "porque ahora soy malo". Dándole vueltas a esa respuesta improvisada me he dado cuenta que realmente la perilla está asociada a la maldad. Os pondré como ejemplo a dos de mis personajes de ficción favoritos, y sus versiones con perilla.

En Community, hay algunos capítulos en los que aparece una versión "mala" de Abed (Evil Abed, de ahí el título del post). Los seguidores de la serie recordarán que se trataba del Abed de la línea de tiempo oscura. Para caracterizarlo, simplemente le añadían al actor un bigote y una perilla falsos.


En Futurama, Flexo, otro robot como Bender pero de comportamiento malvado, también tenía perilla. El capítulo en el que aparece se titula, muy apropiadamente "The Lesser of Two Evils" (El menor de dos malos), porque Bender de por sí no es que sea lo que se dice un santo. A pesar de ello, o quizás por ello, me encanta.


Hay más ejemplos, como la versión siniestra de Mr. Spock, etc. El mismo personaje del que he tomado el sobrenombre, y que no es sino una versión oscura del Capitán Alatriste, lleva perilla. Q.e.d.

Lo primero que se me ocurre para explicar esta asociación entre perilla y maldad es que el demonio suele representarse con una barbita de chivo. Pero curioseando la wikipedia inglesa, he encontrado otra explicación. Según un estudio de la Universidad de Warwick, las formas triangulares con la punta hacia abajo se asemejan a caras enfadadas. Así, alguien con perilla siempre tendrá una apariencia siniestra, aunque esté sonriendo.

Lo cierto es que me gusta mi nuevo look. Estoy un poco harto de ser bueno tonto, y quizás este nuevo aspecto exterior me ayude a cambiar de comportamiento. No me refiero a hacer daño a las personas, sino de mirar un poco más por mí mismo, saber decir que no y ese tipo de cosas. Sobre todo en el curro, donde por querer agradar a todo el mundo me cargo de trabajo que no me corresponde. En resumen, que un poco de Evil Malatesta no me vendría nada mal.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La celda

Mi despacho no tiene ventanas. Es como una celda. Es más, muchas celdas tienen ventanas. La mía no.

De vez en cuando entra alguien a que le resuelva un problema, o una duda. Casi nunca entra nadie a saludar, o a preguntar cómo llevo el día. Lo entiendo, yo tampoco lo haría. He intentado decorarla un poco, para que no parezca una celda. En las paredes he puesto un par de cuadros y un mapa. Pero ni así, no hay forma de darle vida.

Como no quiero dar mucho trabajo a las limpiadoras, solo tengo tres objetos personales sobre la mesa. Uno es la maqueta de una moto. Una Hayabusa, un bicharraco. Jamás tendré una moto así. Otro es un escarabajo elefante atrapado en un bloque de resina, regalo de mi padre, y que uso de pisapapeles. Es el que más llama la atención a los visitantes. Cuántas veces no habré contado su historia. El tercero es un portaherramientas HSK-20. Una miniatura comparado con los que utilizaba en la fábrica. Me lo regaló un técnico de una empresa proveedora cuando ya había aprobado las oposiciones, para que recordara que en mi vida pasada trabajé como ingeniero. 

Un par de estanterías con puertas de cristal y un pequeño aparador completan el mobiliario. Encima de una de las estanterías reina un camaleón. Pasa bastante desapercibido para los visitantes, porque está mimetizado con el color del mueble.

Definitivamente no me gusta mi celda. Lo único bueno es que con lo que está cayendo al menos tengo una.

domingo, 11 de agosto de 2013

La batalla del Mekong



Dedicado a Lunaria y su afición al maquillaje.

P.D.: Mekong es un río de Indochina, que da nombre a una sombra de Nars, una de las preferidas de Lunaria. Así mismo fue escenario de numerosas batallas durante la Guerra de Vietnam. No existe por lo tanto una Batalla del Mekong, propiamente dicha, pero me espero me perdonéis la licencia histórica en pro del chiste del título.

P.P.D.: Me entraron ganas de dibujar una viñeta después de terminar ayer Panorama, la novela gráfica española hoy. Hay de todo, como en botica. Cacas auténticas y cosas bastante interesantes. Merece la pena echarle un vistazo.

martes, 30 de julio de 2013

Dónde comer en Puerto Real

En España se come bien en casi todos sitios. No lo hemos sabido vender, como nuestros vecinos franceses; pero este es un país de gente a la que le gusta el buen comer, y se nota. 

Mi pueblo no es una excepción. Hay sitios regulares y malos, como en todos lados, pero también cuenta con un buen ramillete de bares y restaurantes de calidad, donde no nos dejaremos sin embargo mucho dinero. En esta entrada os recomendaré cuatro de ellos.

Empezaré por mi preferido, un restaurante de comida canaria. Se llama El Fogón del Guanche, y está en la calle Amargura, 19. Es un local pequeñito, que se llena rápidamente. Por eso es mejor reservar. Para mí son ineludibles las típicas papas con mojo, el almogrote y el secreto ibérico con compota de higos. Otro punto a su favor es que varían la carta a menudo, introduciendo novedades. Los postres también son una delicia. El interior está decorado al estilo tradicional, y la única pega que le encuentro es que el espacio es pequeño, y las sillas, algo incómodas. La relación calidad-precio es excelente.


Si lo que te apetece es una cervecita bien helada y algo de tapeo, el sitio ideal es la cervecería El Barril, en la calle ancha, 6. Cuando el tiempo lo permite, es muy agradable sentarse en las mesitas que ponen fuera. Dentro solo hay cuatro mesitas pegadas a la pared, y la barra. No es apto pues para grupos grandes. El interior es en madera, muy cuidado, y la decoración con motivos relacionados con la cerveza. De las tapas frías recomiendo la ensaladilla de queso al gorgonzola, y de las calientes, las croquetas de manzana con foie. También tienen platos de carne muy ricos, si hay hambre. Flaquea un poco en los postres.


El pescaíto frito tiene su mejor valedor (a precios asequibles) en El Dorado, en la calle Nueva, 18, frente al mercado de abastos. Es un restaurante tradicional, con el interior algo viejuno. De primeras echa para atrás, salvo al que le gusten los boquetes. Tiene un patio pequeñito al fondo. Además de los típicos choquitos fritos, puntillitas, cazón, etc, hay que pedir sus montaditos de filete. El truco está en el pan, pero no me pregunten cuál es, que no lo sé. De postre, un café, una copa, o mejor en otro sitio.  


Para finalizar, os reseñaré brevemente mi último descubrimiento, el Mesón de la Abuela Rosario, en la calle San Francisco, 74. Este es un sitio al que ir con buen tiempo, para disfrutar de su enorme patio. Es un sitio muy humilde, con poca afluencia y mínimo personal (la cocinera y un camarero). La carta varía frecuentemente, con platos de tales como la ensalada de aguacates con altramuces o el revuelto de morcilla con piñones. Se puede pedir arroz por encargo. Todo delicioso. Los postres son caseros. A destacar las torrijas rellenas de crema.


Los conocedores de mi pueblo saben que me dejo muchos otros buenos restaurantes en esta reseña. Algunos los he descartado por precio, como El Chato, El Jardín de Canalejas o El Yaki, aunque sean de calidad. Otros por mal servicio, como El Manolito, aunque su arroz sea de vicio. Y uno por demasiado "moderno" para mi gusto, aunque está teniendo bastante éxito, Real 210 Gastro. Y aún hay más: el Mesón Piquislabis, en el Río San Pedro, el restaurante La Plaza, el Fillo... Como véis, hay donde elegir.

¡Buen provecho!