El lunes pasado asistí por fin a la representación de la obra intitulada “Alatriste”, de un tal maese Díaz Yanez y basada en las historias del Bachiller Pérez-Reverte.
No soy en verdad muy aficionado a las comedias, mas a esta no podía faltar aunque quisiera. A la fuerza iba a estar, pues en ella aparece mi personaje. Así pues compré derecho a banco, y a fuerza de codazos y miradas fieras tomé sitio en el corral, sin saber si al final tendría que felicitar al señor Díaz o atravesarlo de parte a parte. Bien es cierto que en los mentideros ya se hablaba mucho y mal de la obra, pero en esto, como en todo, me gusta ver por mí mismo antes de formar juicio.
No quisiera cansar a vuestras mercedes con una crítica extensa. En primer lugar por no repetirme en lo que otras mentes más preclaras ya han dicho, y en segundo porque en este caso me interesan más otras cuestiones. Sólo diré que merece ser vista, aunque sea por los vestuarios, la ambientación de las escenas y otras cuestiones de igual talante.
Maese Mortensen está convincente en el papel de Alatristre. Es más, si v.m. conocieran a ese oscuro soldado estarían conmigo en que le da una presencia y dignidad que no tiene. Como punto en contra creo que se podría haber sacado mucho más jugo de las sabrosas historias en las que se basa, que hubieran dado no para una, sino para 3 o cuatro obras de igual extensión, y además con un desarrollo de la trama más tranquilo y claro.
Mas como antes dije, lo que más me interesa es el tratamiento que de mi personaje han fecho en ella. Quiero decir que maese Enrico Lo Verso faze bien su trabajo al interpretarme. Tal es así, y tanto me identifiqué con él, que cuando toca mi fin tuve que sujetarme para no subir al escenario y pinchar como un pollo al inútil que hace de Iñigo Balboa. Claro que lo tenía fácil, ya que es de Palermo, como yo. Tengo pendiente tomarme unas jarras de moscatel y unas empanadas de carne a su salud como agradecimiento.
Sé que peco de vanidad, pero se me da una higa, al decir que la obra hubiera ganado en mucho si en lugar de tenerme de comparsa hubiera sido personaje principal. Tampoco son ciertas algunas de las cosas que de mí se dicen, pero eso no me importa demasiado. Es más ventajoso que a uno lo tomen por tonto que por listo, por escrupuloso que por inmisericorde, por muerto que por vivo, que cuando les rebane el pescuezo ya tendrán toda la eternidad para darse cuenta de su error.