
martes, 8 de mayo de 2007
En las duchas

domingo, 6 de mayo de 2007
Enamorados de la vida

A lo que iba. Dicho grupo de majaras se autodenominó “Colectivo de artistas enamorados de la vida” o algo por el estilo. Pues de eso nada, al menos en lo que a mí concierne. La vida es una zorra que a lo que menos te descuida te atiza con una tranca y te deja los riñones partidos. En esos momentos le entran ganas a uno de soltar un “al carajo la bicicleta” y rebelarse contra todo, creencias y valores incluidos.
Claro que también a veces el trancazo no es tan grande, o la vida decide darnos una tregua. Así, entre el “la vida puede ser maravillosa” del calvo de la sexta y “todo es una mierda sin sentido”, transcurre el tiempo y pasa la vida.
Ahora estamos en tregua, la vida y yo. Así que, sin otra cosa mejor que hacer, volveremos a lo de siempre, entre lo que se encuentra, mire usted por dónde, hacer dibujillos o mantener un blog.
domingo, 25 de marzo de 2007
Perdonen las disculpas

Pronto estaré de vuelta. Para hacer más corta la espera recomiendo dar una vuelta por los archivos. La Guarida tiene más de doscientos artículos publicados.
Por otro lado, si alguien quiere comunicarse conmigo, puede hacerlo en

Abrazos y besos.
viernes, 9 de marzo de 2007
El deporte es salud. El fútbol es un deporte. ¿El fútbol es salud?

Sé que quizás sea repetirme, pero es que desde hace meses cuento mis partiditos de los miércoles por lesiones. Si no es una cosa es otra. Quizás el deporte sea salud, pero al menos el fútbol habría que dejarlo aparte. Estoy por abandonarlo definitivamente, pero luego llega el siguiente miércoles y ¿quién se resiste?.
El gimnasio mejor, gracias. Por cierto, una curiosidad. En el que estamos han instalado un torno de entrada ¡con identificación de la huella dactilar! Ayer, día de la inauguración del sistema, funcionaba. ¿Alguna apuesta para mañana?
viernes, 2 de marzo de 2007
Lecturas de cercanías
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De vez en cuando alguien entra y abre un libro. Esta es mi tribu. No somos muchos, a veces un par por vagón, otras ninguno. Depende mucho del tren que se trate. El de las siete de la mañana va lleno de tropa, gente joven, ruidosa, jovial y que va acompañada de otros militares. Pocos colegas de lectura aquí. En el de las ocho menos veinte predominan los estudiantes. Los que no van en bandada se enchufan los auriculares o juegan con móviles y mini-consolas. Alguno saca apuntes, pero son la excepción. El de las tres promete más. Lleva a gente que vuelve del trabajo, sobre todo mujeres, entre las que he descubierto más afición a la lectura que entre los varones. Quizás sea una estupidez, pero me alegra coincidir con gente que lee, aunque sea novelas rosa.
Hoy, sin embargo, no lee nadie en mi vagón. Ni siquiera yo, pues esta vez me dedico a escribir mientras disfruto del piano de Ludovico Einaudi. Hoy viajo especialmente solo.
