Una vez dije por estos lares que con el tiempo, el término amigo había cambiado de significado para mí. Y me cito: "Entiéndase como tal alguien con quien agrada pasar un rato, ya sea tomando un café o haciendo algún deporte. A estas alturas no pido más". Teniendo esto en cuenta, Toky es sin duda uno de mis mejores amigos.
Toky es el perro de uno de mis vecinos. Es más listo que muchos seres humanos que conozco. Con el tiempo hemos desarrollado una relación peculiar, que no he visto que tenga con ningún otro vecino. Cada vez que me ve, que no es muy frecuentemente, se acerca a saludarme con ganas de juego. A mí, que me gusta un perro más que a un tonto un lápiz, me encanta echarle algún palo para que me lo traiga. Nuestros juegos duran poco, ya que se limitan al tiempo durante el que intercambio algunas frases de saludo con el vecino y poco más.
Ayer volvía del trabajo en moto. Pulso el botón 1: sube la puerta de la urbanización. Entro a la calle privada y me paro poco antes de la puerta de mi patio. Pulso el botón 2: se abre mi puerta. Abro paréntesis. Soy la envidia de los padres y la admiración de los niños de mi calle por ser el único que se ha rascado el bolsillo automatizando dicha puerta. Aunque solo fuera por eso, dinero bien gastado. Cierro paréntesis.
A esto que sale mi vecino con su perro. Saludo al hombre, mientras Toky olisquea mi pierna. Para mi frustración de inmediato desaparece de nuevo por el patio del vecino (el que se ve en la foto).
Pero dura poco. En seguida Toky sale con una pelota de tenis en la boca y me la ofrece juguetón. Naturalmente me había reconocido, a pesar de estar sobre una máquina ruidosa y vestido de motero.
Con una sonrisa de oreja a oreja dentro del casco, le eché un par de veces la bola y pedí a mi vecino que me inmortalizara junto a su perro. Mi amigo Toky.




























