Este fin de semana asistimos al estreno de
Enredados (Tangled), la última película de Disney. No esperéis aquí una reseña completa. En general me gustan las producciones animadas de Disney y esta no ha sido una excepción. El que el guión se cargue el cuento de los hermanos Grimm es lo de menos. Los fallos de argumento son contrarrestados por la perfección técnica, unos personajes muy logrados (especialmente la malvada Gothel) y una banda sonora bastante redonda.
El motivo de comentar la película aquí es uno de los personajes secundarios:
Pascal. ¿Y qué le hace merecedor de tal atención? Pues que se trata de un camaleón.
Ya sabéis
mi predilección por estos simpáticos animales. Así que me tiré media película buscando al pequeño Pascal en cada secuencia en la que podía estar presente.

Lástima que hagan uso en varias ocasiones del tópico del mimetismo con el ambiente como recurso cómico del personaje. Ya hemos dicho aquí que el cambio de color del camaleón obedece ordinariamente a modificaciones en su estado de ánimo; algo que solo se refleja en la escena del "casi beso" en el lago.
Sea como fuere, el personaje es simpaticote, y ya el hecho de que Disney lo saque del anonimato es positivo. En una escena el protagonista masculino, Flint, se refiere a él como a una rana, siendo corregido por su partenaire Rapunzel. Eso sí, espero que la película no provoque que más gente quiera tener camaleones como mascotas. Su sitio es la naturaleza.
Otro aspecto positivo es que gracias al merchandising de Disney por fin voy a tener una
figurilla de un camaleón en mi mesa.
SPOILER AHEAD!. Y ahora una anécdota de humor fino. La historia gira en torno al pelo de Rapunzel, el cual tiene mágicos poderes de curación que se pierden si se cortan. En el momento cumbre de la película Gothel hiere de muerte al chico. Rapunzel ofrece fidelidad a su madrastra a cambio de permitirle curarlo, pero este prefiere morir y por sorpresa le corta el cabello. En este instante de gran carga emocional, me moría por gritar: ¡Rapunzel, Rapunzel, prueba con los pelos del chochoooooooo!
No sabía si el público infantil que nos rodeaba entendería la broma o quedarían todos traumatizados de por vida, así que me conformé con susurrarlo al oído de
Lunaria. Y con contároslo a vosotros ahora, claro está :)