viernes, 27 de diciembre de 2013

Tintin vuelve a Puerto Real

Es oficial, soy un artistaaaaa consagrado. Al igual que Munch, hago copias de mis propias obras. No, mejor, Munch lo hizo porque no estaba contento con el resultado inicial, y yo por demanda del público. 

Ahora en serio. A la mujer de un amigo le gustó mucho el cuadro que pinté para el concurso de pintura rápida de Puerto Real del año pasado. Mi amigo me pidió hace un mes que le hiciera una copia para regalárselo. Y bueno, aquí está.


Como toda copia, en realidad es una versión. En este caso no hay muchas diferencias, como podréis apreciar en la foto siguiente. He intentado que las líneas sean más puras y los colores un poco más planos, salvo en las fachadas más cercanas al espectador. De cerca se nota que se ha hecho con más paciencia, y no a todo correr como el original.
 

La destinataria ha quedado satisfecha, que es lo importante. ¡Objetivo desbloqueado!


viernes, 13 de diciembre de 2013

Contradicciones

Hoy os voy a hablar de dos temas que me gustan y que suelen llamar la atención a los que me conocen, por no casar mucho con mi forma de pensar o de ser.

El primero es la historia militar. Aquí mismo habéis podido leer algunas historias de batallas. Los juegos de estrategia bélica siempre me gustaron, y las películas bélicas ni hablemos. Sin embargo soy un pacifista convencido. No solo lo digo de palabra. Rechacé un trabajo de los de "para toda la vida" porque era en una empresa de la industria militar. Por lo mismo nunca me planteé seriamente la carrera militar, a pesar que con mis orígenes humildes era la única forma posible de haberme convertido en piloto. 

¿Cómo se come esto? Supongo que porque lo mismo que a uno le puede gustar Juego de Tronos, pero no tiene porqué atraerle vivir en el mundo medieval-fantástico que allí se describe. Ni defender ese estilo de vida. Bien es cierto que hay algún pirado que empieza jugando al air-soft o leyendo sobre la 2ª Guerra Mundial y termina cometiendo alguna locura con armas reales. Pero se trata de eso, de gente que ya andaba tocada antes de acercarse a este mundo. La historia bélica es muy interesante, y es en el mundo militar donde la tecnología es más puntera. Así de cabrones somos los humanos, agudizamos la inteligencia cuando se trata de joder al prójimo.

Hablando del tema, el otro día me invitaron a visitar el portaaviones Juan Carlos I, con puerto en la Base de Rota. Ni corto ni perezoso acepté, y la verdad es que disfruté la visita. ¿Me gustaría servir en él? Ni loco.


El otro tema contradictorio en mi historial personal es la cacería. Sí, fui cazador durante algunos años. Siempre caza menor: conejos, perdices, liebres... No estoy hablando de leones o elefantes. Pero lo cierto es que maté animales por diversión, y luego me los comí. Dicho así hasta yo mismo me sorprendo. ¿Cómo fui capaz? El permiso de armas lo he tenido hasta este año, en el que finalmente he regalado mis escopetas. La última pieza sin embargo puede hacer perfectamente 12 años que la cobré. 

Ahora no creo que volviera a cazar, aunque me dieran la oportunidad. Me dan demasiada pena los animales para volver a disfrutar de la caza. Porque lo cierto es que la disfrutaba, y mucho. Ni entonces ni ahora lo veía como una crueldad. Mi padre y yo salíamos al campo con nuestros perros, y las piezas siempre tenían una opción para escapar. De hecho la mayoría lo hacían, antes incluso que las viéramos. Las pocas veces que logré ver una liebre quieta en el campo, siempre la asusté antes de disparar, para darle una oportunidad. No era una lucha justa, no os voy a engañar. Pero casi ninguna lo es. Que se lo pregunten a los millones de animales de granja sacrificados cada año. Pero no quiero ser demagogo, el ser humano ha sido cazador durante muchos miles de años para que aún no se nos dispare la adrenalina cuando los perros ahuyentan una pieza y la tienes a tiro. Además, el momento del disparo era solo eso, un momento. Lo que realmente me gustaba era ver el trabajo de los perros, disfrutar de la naturaleza y sobre todo, compartir tiempo con mi padre.

martes, 5 de noviembre de 2013

El panel

Hacía tiempo que no sabíamos nada de Joe McNamara, (Saginaw, 1975). Desaparecido de los círculos artísticos durante muchos años, ha irrumpido de nuevo con fuerza en las galerías más importantes del mundo con un nuevo concepto: el arte funcional administrativo.

Hoy os traemos a esta humilde revista una de sus más recientes creaciones: "El panel". Se trata de una obra en apariencia simple. Si nos quedamos en el exterior, parece el directorio de un edificio administrativo. Pero si analizamos un poco más, vemos la estética inherente. Las asimetrías vertical y horizontal de esos cuadros que parecen querer informar, pero que en realidad cumplen la función de dispersar la mirada por el conjunto. El colorido, en tonos pastel en la gama de los verdes, quiere mitigar el estrés de los sufridos ciudadanos que pululan por esos edificios, buscando afanosamente alguien que les resuelva su trámite. La unidad, la dualidad, la trinidad, también son explorados por McNamara en esta obra de connotaciones trandescendales.

La "obra"
Para hacer este artículo, pasé unos minutos cerca de la obra, atento a los comentarios de los amantes del arte que se acercaron a admirarla. "Qué bonito ha quedado" era el comentario más repetido, dando la razón sin querer al autor, que reclama para este tipo de montajes la catalogación de arte, más que de objeto funcional.

Pareciera que todo es improvisado, pero McNamara, en una entrevista exclusiva al Portrait's Review, ha declarado que esta obra es resultado de horas y horas de reflexión. Lo demuestran los numerosos bocetos de los que dispone, de los cuales hemos tenido acceso a una de las versiones definitivas.

Un"boceto"

Dado su alto valor, el montaje está protegido con cristal de alta resistencia, y tiene vigilancia permanente por personal de seguridad. Se espera que varias miles de personas la puedan admirar al año. Una obra que, según el autor, será un ente vivo. "Con todos los cambios que sufren estos organismos, habrá que ir actualizándola cada poco", ha declarado.

Una amante del arte observando la "obra" en la sala de exposiciones

domingo, 29 de septiembre de 2013

Evil Malatesta

El mes que viene tendrá lugar la exposición colectiva "Ventanas IV" en el Centro Cultural Iglesia de San José, en Puerto Real. Es la segunda vez que participo, de nuevo con un par de cuadros, que es lo máximo que se permite por autor. La exposición estará abierta del 18 al 27 de octubre.

A mí en realidad, más que el arte, me gusta el artisteo. Así que estoy planeando una pequeña "performance" para el día de la inauguración. Como parte del  plan, me estoy dejando bigote y perilla.

Anteayer mi sobrino pequeño me vio con el nuevo aspecto y me preguntó "Tato, ¿por qué tienes barba?". Lo primero que se me ocurrió decirle fue "porque ahora soy malo". Dándole vueltas a esa respuesta improvisada me he dado cuenta que realmente la perilla está asociada a la maldad. Os pondré como ejemplo a dos de mis personajes de ficción favoritos, y sus versiones con perilla.

En Community, hay algunos capítulos en los que aparece una versión "mala" de Abed (Evil Abed, de ahí el título del post). Los seguidores de la serie recordarán que se trataba del Abed de la línea de tiempo oscura. Para caracterizarlo, simplemente le añadían al actor un bigote y una perilla falsos.


En Futurama, Flexo, otro robot como Bender pero de comportamiento malvado, también tenía perilla. El capítulo en el que aparece se titula, muy apropiadamente "The Lesser of Two Evils" (El menor de dos malos), porque Bender de por sí no es que sea lo que se dice un santo. A pesar de ello, o quizás por ello, me encanta.


Hay más ejemplos, como la versión siniestra de Mr. Spock, etc. El mismo personaje del que he tomado el sobrenombre, y que no es sino una versión oscura del Capitán Alatriste, lleva perilla. Q.e.d.

Lo primero que se me ocurre para explicar esta asociación entre perilla y maldad es que el demonio suele representarse con una barbita de chivo. Pero curioseando la wikipedia inglesa, he encontrado otra explicación. Según un estudio de la Universidad de Warwick, las formas triangulares con la punta hacia abajo se asemejan a caras enfadadas. Así, alguien con perilla siempre tendrá una apariencia siniestra, aunque esté sonriendo.

Lo cierto es que me gusta mi nuevo look. Estoy un poco harto de ser bueno tonto, y quizás este nuevo aspecto exterior me ayude a cambiar de comportamiento. No me refiero a hacer daño a las personas, sino de mirar un poco más por mí mismo, saber decir que no y ese tipo de cosas. Sobre todo en el curro, donde por querer agradar a todo el mundo me cargo de trabajo que no me corresponde. En resumen, que un poco de Evil Malatesta no me vendría nada mal.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La celda

Mi despacho no tiene ventanas. Es como una celda. Es más, muchas celdas tienen ventanas. La mía no.

De vez en cuando entra alguien a que le resuelva un problema, o una duda. Casi nunca entra nadie a saludar, o a preguntar cómo llevo el día. Lo entiendo, yo tampoco lo haría. He intentado decorarla un poco, para que no parezca una celda. En las paredes he puesto un par de cuadros y un mapa. Pero ni así, no hay forma de darle vida.

Como no quiero dar mucho trabajo a las limpiadoras, solo tengo tres objetos personales sobre la mesa. Uno es la maqueta de una moto. Una Hayabusa, un bicharraco. Jamás tendré una moto así. Otro es un escarabajo elefante atrapado en un bloque de resina, regalo de mi padre, y que uso de pisapapeles. Es el que más llama la atención a los visitantes. Cuántas veces no habré contado su historia. El tercero es un portaherramientas HSK-20. Una miniatura comparado con los que utilizaba en la fábrica. Me lo regaló un técnico de una empresa proveedora cuando ya había aprobado las oposiciones, para que recordara que en mi vida pasada trabajé como ingeniero. 

Un par de estanterías con puertas de cristal y un pequeño aparador completan el mobiliario. Encima de una de las estanterías reina un camaleón. Pasa bastante desapercibido para los visitantes, porque está mimetizado con el color del mueble.

Definitivamente no me gusta mi celda. Lo único bueno es que con lo que está cayendo al menos tengo una.