viernes, 4 de agosto de 2006

Relatos que me excitaron (II)

Para esta nueva entrega de los relatos que me excitaron, he escogido un fragmento de la novela "El diamante de Jerusalén", de Noah Gordon. Otro escritor de bet-sellers, como "El médico" o "El rabino". Si estudiaste algo de medicina y eres judío, qué mejor que escribir sobre médicos judíos ¿no?. Una prueba más de que siempre se termina escribiendo sobre uno mismo.
Los que hayan leído la novela tal vez recuerden que la "acción" del fragmento que propongo hoy transcurre en un lugar muy significativo para el pueblo judío: Masada. Y eso me da pie para hablaros un poco sobre este episodio histórico.
Masada es la Numancia de Israel. En el año 73 d.c., tras la destrucción del templo de Jerusalén a manos del general Tito, los romanos sitiaron la meseta-fortaleza, situada al este del desierto de Judea. Sus defensores, los nacionalistas zelotes, prefirieron suicidarse antes de caer en manos romanas.
Recuerdo perfectamente la serie de televisión del mismo nombre que transmitieron a finales de los 80. Protagonizada por Peter O'Toole y Peter Strauss, esta mini-serie me impactó. Los romanos construyeron una enorme rampa de tierra para que sus máquinas de asalto llegaran a las murallas. Mientras tanto, se entretenían catapultando judíos capturados vivos (vivos hasta que acababa el vuelo, claro) al interior de la fortaleza, para desmoralizar a sus defensores. Cuando la rampa estuvo terminada, estos eligieron por sorteo a unos cuantos para que fueran matando al resto, incluyendo mujeres y niños, y al final se suicidaran. ¡Brrrrr!
Se me olvidaba, los protagonistas del episodio que algunos de vosotros vais a leer, son un judío y una palestina. A ver si se hace realidad que hagan más el amor y menos la guerra. Que lo disfrutéis.
Fragmento de "El diamante de Jerusalén"

martes, 1 de agosto de 2006

Somos (laboratorio de ritmo)

Hace mucha calor. Se me ha jodío el coche y mañana tendré que llamar a la grúa. Y para colmo, no me termina de gustar cómo me está saliendo el cuadro.
Definitivamente es el momento de escuchar una de Los Delinqüentes.

lunes, 31 de julio de 2006

Con el culo al aire

- Niño, no saltes el estero, que te vas a caer y te vas a poner pipando.

- Que no papá, que no me caigo. Si estoy hecho un campeón. ¡Mira!

(Choffff!)

Naturalmente, me caí. Y me puse pipando, en ese agua bastante sucia de salinas donde estábamos cogiendo camarones. Lo gracioso del asunto fue que tuve que volver en bolas (literalmente) a casa, para evitar el resfriado. Por aquel entonces ya empezaba a sentir vergüenza de mi desnudez, así que figuraos el plan: cruzar el pueblo montado detrás de mi padre en su Mobylette, y mal cubierto sólo por su camisa. Menos mal que no me crucé con ninguna niña de la escuela…

Pues ayer por poco no se repite la historia. Como no tenía nada mejor que hacer, me acerqué en bicicleta a darme un bañito en la puntilla del muelle, más a gusto que un gorrión en un charco. A esto que se acerca a mi banda una familia: padre, madre y niño chico. Y a mí, que me da por lanzarme briosamente de cabeza, para mostrarles mis aptitudes acuáticas.

Se conoce que el bañador carecía de cordón, y que el elástico estaba más flojo que un muelle de guita, porque al entrar en el agua noté cómo se deslizaba graciosamente hasta mis tobillos. Total, que la familia tuvo que ver en mí a otro Eduardo Noriega. Bueno miento, porque al parecer el culo que aparece en el anuncio es de un doble. ¿De qué trabajas? Yo, de doble de culos. Lo flipas, colega.

Y gracias, porque si no llego a sujetar la prenda con los deditos de los pies en el último momento, hubiera tenido que volver a casa como aquella vez, sólo que en bici y, lo que es peor, con bastantes añitos más.


viernes, 28 de julio de 2006

La carpeta de los recuerdos: La libreta de la mili

Para algunos el extinto servicio militar obligatorio servía para convertir a los niños en hombres. Para la mayoría, no servía para nada. A mí, que fui de los últimos que lo sufrió en sus carnes, me sirvió para tres cosas:
a) Comprender que aunque me guste la historia y el cine bélicos, no me gusta la vida militar.
b) Sacarme una foto vestido con uniforme de camuflaje, fusil armado con bayoneta y cara de pocos amigos, en la que me veo hasta guapo.
c) Tener tema de conversación con el resto de desafortunados que pasaron por esa experiencia.
Esto último es especialmente relevante. A pesar de ocupar un período pequeño de nuestras vidas, la mili da mucho material para el anecdotario particular. Pasa como con las series antiguas, una vez sacado el tema, hay cuerda para rato.
No os voy a aburrir con la historia de mi puta mili, que además fue exprés: sólo estuve tres meses, ya que un enchufe me consiguió la blanca aunque un poco tarde. Pero sí que contaré una pequeña anécdota, que sucedió el día de mi incorporación.
En realidad era ya noche, porque los recién llegados pasamos la tarde en un cuartel de la legión, donde un teniente majareta trataba de conseguir voluntarios. Una vez en mi cuartel, estando formados en el patio de armas (por cierto, dedicado al Generalísimo, con una pintura en azulejos enorme dominándolo), el sargento nos dio la charla de rigor. Que si bienvenidos al ejército, que si a partir de ahora no somos ciudadanos normales, sino soldados, etc, etc. Muy educado, muy correcto. Al final, el buen hombre preguntó: ¿habéis entendido?. Todos callamos, menos un pirado que gritó: “¡SEÑOR, SÍ SEÑOR!”. Descojone general, incluido el sargento: “Te has confundido de ejército, chaval, aquí se responde con un sí mi sargento. Cuánto mal hace el cine...”





jueves, 27 de julio de 2006

La carpeta de los recuerdos

Buscando en el baúl de los recuerdos, uh-uh-uh, cantaba Karina. No tengo baúl, pero como casi todo quisque, supongo, tengo una carpeta.
Mi carpeta de los recuerdos es negra, de plástico, abultada. Parece que esté a punto de estallar, rebosando de papeluchos sin valor material pero gran valor sentimental. Entradas de conciertos, cines y espectáculos varios, recortes de periódico y hojas sueltas son su contenido. Sólo la veo de vez en cuando, pero una vez la abro, reviso hasta el último trozo de servilleta con un monigote, hasta el último folleto.
Hojearla es repasar buena parte de mi vida. ¿Queréis echarle un vistazo?