sábado, 30 de julio de 2005

En el comedor


He almorzado en este comedor todos los días (laborables) desde hace siete años y medio. Son cuarenta y cinco minutos de relativa paz en medio de los problemas del día a día. Por lo general lo comparto con los mismos compañeros, y a menudo me siento en el mismo sitio. Suelo elegir casi siempre los mismos platos. Soy uno de tantos animales de costumbres. Un perfecto Bill Murray para mi película preferida.
Muchas veces después del postre, y sobre todo si la conversación no es de mi especial interés, acabo dibujando. No me doy casi cuenta. De repente tengo el boli en la mano y mecánicamente empiezo a dibujar algo que hay sobre la mesa o a mi alrededor. Otras veces soy un poco más imaginativo y plasmo sobre el mantel de papel la imagen de la playa donde me gustaría estar o cualquier otra cosa que se me venga a la mente. Material muy útil para hacerme un psicoanálisis, supongo. En esos momentos me da la sensación como si desapareciera del lugar. Es como si no estuviera realmente allí, y fuera un mero observador, un espectador de la película de la vida cotidiana de otros. Me pasa mucho últimamente. Mis efímeras obras no suelen despertar el interés de nadie, casi ni de mí mismo, y acaban en la basura con el resto de la bandeja. Luego vuelta al trabajo.
He almorzado en este comedor todos los días (laborables) desde hace siete años y medio.

6 comentarios:

  1. Admirada quedo, señor, que si sois de hacer estos trazos ausente de todo, diestra teneis la mano para el dibujo.
    No tireis las siguientes servilletas, antes guardadlas. Así podreis veros vos mismo através de vuestra pluma cuando se os conozca por vuestras líneas.
    ¿Por ventura sabeis lo que aconteció a Picasso?

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  2. Afortunado eres de tener comedor. O quizás no. Nosotros no tenemos, comemos en sala de reuniones o cualquier otro sitio nos vale. Eso sí, pasamos lista y se echa de menos al que esta ausente. Aunque ultimamente, me resulta insoportable, necesito salir, y alterno los días. Como en casa de mis padres, o en algún sitio fuera. Pero claro. Nosotros tenemos 90 minutos. A veces, hasta se puede dormir una siesta.

    Lo de dibujar me da sólo en las reuniones. Suelen ser figuras geometricas y trazos sin sentido. Me ayuda a no oir.

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  3. No sé mucho de Picasso, salvo que tuvo numerosas amantes. Está claro que no voy para Picasso. Aclaradmelo pues.
    Mizerable, ¿recuerdas cuando comíamos en la caracola 8? Jugando al F29 Retaliator, un sorprendente simulador ¡que cabía en un disquete! Parece mentira, pero recuerdo aquellos meses con cierta nostalgia...
    Por cierto, en las reuniones también suelo dibujar.

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  4. Aún lo tengo. El F29 Retaliator. Pero ahora estoy adoptado por los informáticos y me dejan jugar en red con ellos. Bueno, soy fácil de matar. Ellos tienen muchas más horas. Soy "puntos faciles".
    Por cierto, la gloriosa C-8 se ha estado utilizando hasta hace bien poco.

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  5. Cuentan que mucho antes de que fuere conocido Picasso, sentado en la terraza de un café, vinieron a pedirle limosna. Picasso plasmó su autografo en una servilleta de papel, "No tengo dinero que darte, pero te doy esto que es mejor. Guardala, porque un día te daran millones por ella". Y lo cierto es que no hace mucho se subastó y admirado quedaríais si los dineros que por ella dieron cayeren en vuestras manos.

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  6. Unos se mueren de hambre. Otros pagan burradas por una servilleta usada con un garabato.
    Perdón, estoy siendo demasiado simple.

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