jueves, 1 de septiembre de 2005

El licenciado Cabra

Sírvanse vuestras mercedes, para olvidar el pasado trance, deleitarse con un fragmento de un libro recién publicado por un amigo de mi enemigo. Que es de poca sustancia y arte menor, pero con algunos lances dignos de risa y otros no faltos de una crítica mordaz a nuestro siglo, nuestras costumbres y valores. Mal que me pese he de recomendároslo, por ser de provecho bien por lo uno, bien por lo otro. Quizá os sorprenda.
Pongo a v.m. en el contexto. Pablo entra como criado de don Diego Coronel, en el pupilaje del licenciado Cabra, un "clérico cerbatana", "archipobre y protomiseria".

“Sentóse el licenciado Cabra y echó la bendición. Comieron una comida eterna, sin principio ni fin. Trajeron caldo en unas escudillas de madera, tan claro, que en comer una dellas peligrara Narciso más que en la fuente. Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado tras un garbanzo güérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra a cada sorbo: - "Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo que dijeren; todo lo demás es vicio y gula".
Acabando de decirlo, echóse su escudilla a pechos, diciendo: -"Todo esto es salud, y otro tanto ingenio". ¡Mal ingenio te acabe!, decía yo entre mí, cuando vi un mozo medio espíritu y tan flaco, con un plato de carne en las manos, que parecía que la había quitado de sí mismo. Venía un nabo aventurero a vueltas, y dijo el maestro en viéndole: -"¿Nabo hay? No hay perdiz para mí que se le iguale. Coman, que me huelgo de verlos comer".
Repartió a cada uno tan poco carnero, que, entre lo que se les pegó a las uñas y se les quedó entre los dientes, pienso que se consumió todo, dejando descomulgadas las tripas de participantes. Cabra los miraba y decía: -"Coman, que mozos son y me huelgo de ver sus buenas ganas". ¡Mire v. m. qué aliño para los que bostezaban de hambre!
Acabaron de comer y quedaron unos mendrugos en la mesa y, en el plato, dos pellejos y unos güesos; y dijo el pupi1ero: -"Quede esto para los criados, que también han de comer; no lo queramos todo". ¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado -decía yo-, que tal amenaza has hecho a mis tripas! […]
Certifico a v. m. que vi a uno dellos, al más flaco, que se llamaba Jurre, vizcaíno, tan olvidado ya de cómo y por dónde se comía, que una cortecilla que le cupo la llevó dos veces a los ojos, y entre tres no le acertaban a encaminar las manos a la boca. Pedí yo de beber, que los otros, por estar casi en ayunas, no lo hacían, y diéronme un vaso con agua; y no le hube bien llegado a la boca, cuando, como si fuera lavatorio de comunión, me le quitó el mozo espiritado que dije. Levantéme con grande dolor de mi alma, viendo que estaba en casa donde se brindaba a las tripas y no hacían la razón. Diome gana de descomer aunque no había comido, digo, de proveerme, y pregunté por las necesarias a un antiguo, y díjome: - "Como no lo son en esta casa, no las hay. Para una vez que os proveeréis mientras aquí estuviéredes, dondequiera podréis; que aquí estoy dos meses ha, y no he hecho tal cosa sino el día que entré, como agora vos, de lo que cené en mi casa la noche antes". ¿Cómo encareceré yo mi tristeza y pena? Fue tanta, que, considerando lo poco que había de entrar en mi cuerpo, no osé, aunque tenía gana, echar nada dél.”

Francisco de Quevedo y Villegas. Historia de la Vida del Buscon, llamado Don Pablos

6 comentarios:

  1. Mmmmhhh...
    Interesante, lo que me recuerda que debería buscar un libro que quedé en dejarte...

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  2. Y entonces,que te gustan mas los clasicos o la novela actual?
    Me ha recordado aquellas tardes de literatura en tercero de BUP con aquella profesora canaria...

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  3. Sin acritud, pero de espadachines me quedo con la Pimpinela Escarlata, ese rollo medio gay me atraia mucho

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  4. La verdad es que me gusta todo lo que sea bueno. En mi estantería tengo desde el Lazarillo hasta Los Pilares de la Tierra. No he leído la Pimpinela Escarlata, tendré que buscarla en la biblioteca.
    Simpática la canaria. Qué será de ella...

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