Mi zona tiene la fortuna de ser una de las pocas que cuentan con una población relativamente abundante. Desde pequeño, de vez en cuando tengo la suerte de encontrarme con alguno. Debo estar atento, buscarlo aposta, porque el camaleón es un maestro en pasar desapercibido. En una única ocasión encontré uno de casualidad. Iba en bici a toda velocidad bajando una cuesta de las salinas de Melchor cuando me dí cuenta que iba a atropellar a un camaleón grande color tierra que cruzaba parsimoniosamente el carril. Por no atropellarlo giré bruscamente el manillar y dí con mis huesos en tierra. Mereció la pena, naturalmente.
Otro año, por septiembre, mi padre y yo dimos con uno, dos, tres, hasta una docena de ellos en la pinaleta de Derqui. Tengo una foto que lo atestigua. En otra ocasión ví como una hembra embarazada cavaba en la pared de tierra de una hondonada el agujero donde probablente dejaría los huevos. Las fotos que hoy muestro son de hace un par de días, y las hicimos mi padre y yo a un animal joven que él encontró en la misma pinaleta de la que hablé antes. Después de la sesión fotográfica, dejamos al modelo en el mismo arbusto, como debe ser.
Jamás adopté uno como mascota. Los respeto demasiado, además de estar prohibido. Pero creo que pueden incluso amaestrarse y son buenos compañeros. Lástima que estén en extinción. Hay quien los compra de importación, legalmente, aunque no son la especie de aquí, sino una de las muchísimas que habitan el sur de África, Madagascar, Asia, etc.
Como siempre el desconocimiento es la fuente principal del poco aprecio que la gente tiene a los camaleones. Por ejemplo, cuando se califica a una persona de camaleónica, suele referirse a su capacidad de cambiar de chaqueta (cuando es un político) o de apariencia (cuando es un artista). Sin embargo, la capacidad de cambiar de color de un camaleón no tiene nada que ver con esto. Ni siquiera lo utiliza como medio de camuflaje, sino como una forma de comunicación con sus semejantes. Con ello el animal muestra a los otros su estado de ánimo, de salud, etc.
Recuerdo que los niños de mi pueblo, cuando encontraban uno, lo ponían a fumar hasta que se volvía negro. Pequeños hijos de puta...
El león de tierra es un cazador solitario y paciente. Sordo como una tapia, pero con dos prodigiosos ojos independientes capaces de cubrir todo su alrededor, y de enfocar a la presa con visión esteoroscópica (tridimensional, como la nuestra). Para qué hablar de su lengua. Todos habréis visto esas imágenes a cámara lenta de cómo la lanza para capturar sus presas. Con todo, probablemente lo que más me guste del camaleón sea su elegancia, su parsimonia. Verlo desplazarse de rama en rama es un placer para la vista.
Ojalá no se extingan. Ojalá sigan aquí cuando nosotros ya nos hayamos ido.